Derrochando alegría

Qué ganas tenía de esto. Qué ganas tenía de estas fotos. De esta sesión. De mostrarlas. Qué ganas tenía de ellas. Sí, fue una mañana estupenda. Sinceramente, como hacía mucho que no me lo pasaba. Qué bueno es volver a tu adolescencia de vez en cuando, a redescubrir la alegría, la inocencia, la «sin – vergüenza», que todos tenemos, y que desgraciadamente, tantas veces la vida y los años esconden.

No son unas modelos más, lógicamente. Son dos personas a las que tengo especial cariño, fruto de unos padres y amigos maravillosos. Y ellos lo saben. Por eso lo disfruté tanto. Me contagiaron su alegría, su emoción y sus ganas de pasarlo bien con unas fotos. Son eso, VIDA en estado puro. Lo que toda persona tiene en esa edad, pero ellas con un pizca de un no sé qué más.

Qué bonito es fotografiar la vida, y la vida llena de fulgor, de ese aroma que traspasa en el que se sabe que queda toda la vida por delante. El momento donde todo está apunto de cambiar, es más, donde el cuerpo, las emociones, están cambiando, y tan bello resplandece todo.

Qué bonito es fotografiar así. Alguien, nada más verlas me dijo «es que Almudena es Almudena, y además, tiene tu huella». Y yo respondo, es que donde hay vida rebosante, se retrata vida rebosante. Y ella, ellas, lo son. Y eso es lo que más le gusta a la cámara, -os lo juro-.

Lo pasamos estupendamente, y la vida así, mola. Sois un regalo.